Salta. Argentina. foto: San Lorenzo
SALTA, LA NIÑA BONITA DE ARGENTINA
“La muy hermosa” es el nombre que recibe esta maravillosa provincia en lengua aborigen. Dotada de incontables maravillas desde sus paisajes hasta sus particulares costumbres e idiosincrasia, Salta promete deleitar a los turistas en toda época del año.

Intensa e indomable, intrigante y generosa, ardiente y divertida. Un sinnúmero de cualidades le caben a la bella Salta. Provincia que lo reúne todo; desde el ardiente monte de yungas hasta las frías cumbres de la Cordillera de los Andes, sus bravíos ríos y su árida puna componen un abanico de paisajes diversos y una identidad cultural heterogénea, tanto como sus escenarios.Recorrer esta encantadora provincia promete un viaje placentero, divertido imposible de olvidar.

Yungas que atrapan

El norte de Salta, una de las zonas más inexploradas por el turista esconde paisajes de monte chaqueño con verde vegetación y un clima ardiente en verano, pero también la pintoresca Iruya, pequeña población enclavada en medio del cerro, trasponiendo la quebrada de Humahuaca en Jujuy. Cercanas a Bolivia, Orán y Tartagal conservan el acervo cultural de la identidad aborigen wichi, toba y chiriguano con sus reconocidas artesanías de máscaras con figuras de animales o sus trabajos en palo santo.

Los secretos de la cordillera

Incursionar hacia la cordillera depara grandes experiencias a los atrevidos. Pasando por las centenarias ruinas de Tastil, transitar la apacible San Antonio de los Cobres y seguir subiendo por sus indómitos y polvorientos caminos hasta llegar a la impresionante Tolar Grande y sus ojos de mar al pie del nevado del Llullaillaco, en cuya cumbre fueron halladas las bellas doncellas incas enterradas vivas, como ritual de sacrificio humano en tributo a la Pachamama.

Senderos de sopresas

A través de un rosario de pueblos, es posible vivir en el Dique Cabra Corral la experiencia extrema del vértigo del salto bungee o seguir hasta la escénica Quebrada de las Conchas, sugestivo nombre para otro sitio que alberga atractivos como la Garganta del Diablo, El Anfiteatro o el mirador de Tres Cruces y que nos depara un placer aun mayor, llegar a la embriagante Cafayate, tierra diaguita calchaquí, donde el exquisito vino y una buena compañía hacen de la estadía inolvidable.

En la mítica Ruta 40

Conquistando la impresionante Cuesta del Obispo, con panorámicas únicas, el camino nos lleva hasta la histórica Cachi que conserva una estética colonial detenida en el tiempo. Transitar este tramo rústico y a la vez mágico de la Ruta 40 por poblados como Seclantás, Molinos o Angastacoque también aún conservan sus centenarias construcciones de adobe y sus costumbre ancestrales. Pero también propone descubrir la tradicional manufactura del poncho salteño, delicadas piezas de alfarería, paisajes surrealistas como la Quebrada de las Flechas siempre con el abrazo fraternal del salteño, anfitrión por naturaleza y orgulloso de su tierra.

Salta siempre linda

Fundada en 1582 por Hernando de Lerma, la ciudad delinea su perfil urbano colonial con casas de un solo piso y calles y veredas angostas, teniendo como trasfondo los cerros que le dan un marco verdaderamente único. Alrededor de la plaza 9 de Julio, centro de la ciudad, se aglutinan algunos de los edificios históricos más importantes. Tal es el caso de la Catedral Basílica, construida a partir de 1858, que posee un altar laminado en oro. El templo resguarda los restos del general Martín Miguel de Güemes. En el punto opuesto, se alza el Cabildo Histórico del Norte, residencia de virreyes desde el siglo XVI al siglo XVIII, con numerosas salas de exposición de arte sacro jesuítico, numismática y arqueología. En las cercanías se encuentra la Iglesia de San Francisco, cuyo campanario, a 53 metros de altura, es el más alto de Sudamérica. Desde el Parque San Martín se accede al teleférico que lleva a la cumbre del Cerro San Bernardo desde donde se obtienen panorámicas únicas.

San Lorenzo: A sólo 12 minutos de Salta, se encuentra la villa veraniega San Lorenzo. Enclavadas en las laderas del cerro, magníficas residencias se mezclan con la abundante vegetación, constituida por orquídeas, ceibos y claveles del aire, entre otros. Cabalgatas, caminatas, excursiones en bicicleta o cuatriciclos y safaris fotográficos son algunas de las actividades posibles.

La noche salteña

Un buen día no puede terminar sin una buena noche y la ciudad ofrece un abanico de posibilidades para todos los gustos. Las peñas folklóricas son el principal atractivo. En ellas se destacan La Panadería del Chuña con un show de nivel internacional. En la tradicional calle Balcarce se alinean bares y peñas de rock, folclore y música latinoamericana, convirtiéndola en el centro de vida nocturna de jóvenes y bohemios. Tampoco faltan los boliches bailables para quienes disfrutan la música en movimiento, ni los casinos.

Otros paseos

Al pie del cerro San Bernardo, se encuentra el Monumento a Güemes. A pasos de allí, se puede empezar el ascenso al cerro, que se levanta 269 metros sobre la ciudad, mediante una caminata sencilla. O bien se puede llegar a la cima en un teleférico que comienza su recorrido en el Parque San Martín. Desde la cumbre, se puede apreciar una vista panorámica de la ciudad, recomendable tanto de día como de noche. A sólo 12 minutos de Salta, se encuentra la villa veraniega San Lorenzo. Enclavadas en las laderas del cerro, magníficas residencias se mezclan con la abundante vegetación, constituida por orquídeas, ceibos y claveles del aire, entre otros. Cabalgatas, caminatas, excursiones en bicicleta o cuatriciclos y safaris fotográficos son algunas de las actividades posibles.

 

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