Brasil: Playas y mar que enamoran
Brasil es un país al que estoy seguro uno podría volver eternamente. Sin cansarse. No solo por la belleza de sus playas y su mar templado sino, sobre todo, por la calidez amistosa de su gente. Ese es el idilio que siento por Brasil. Cada viaje a estas playas casi argentinas es un nuevo descubrimiento.

Brasil es un país al que estoy seguro uno podría volver eternamente. Sin cansarse. No solo por la belleza de sus playas y su mar templado sino, sobre todo, por la calidez amistosa de su gente. Ese es el idilio que siento por Brasil. Cada viaje es un nuevo descubrimiento.

Volamos desde Buenos Aires a Florianopolis en un Embraer de Aerolíneas Argentinas uno de los últimos vuelos de la temporada y por ende a un precio acomodado.

Nos esperaba un chofer de la Prefectura de Porto Belo, hablamos del mundial de fútbol, él y la gran mayoría de la población no estaba de acuerdo con el gran gasto del evento sobre todo habiendo prioridades como educación y salud. El tiempo además les sumaría la desilusión del 7-1 con Alemania en la semifinal…

Arribamos a Porto Belo, una pintoresca villa de pescadores que ha crecido turísticamente de manera explosiva los últimos años. Tras subir una empinada calle llegamos al Hotel Morro do Sol, ubicado en la falda de la montaña cubierta con una exuberante vegetación.

Las amplias habitaciones están equipadas con aire acondicionado, tv, mini bar y secador de pelo y microondas. El hotel posee una piscina climatizada y dos piscinas exteriores, una de ellas tiene un divertido tobogán. También cuenta con un centro de convenciones y canchas de tenis, fútbol, bochas, voleibol y sala de juegos. El restaurante del hotel ofrece una espléndida vista donde se aprecia la isla de Porto Belo y el puerto con sus yates, barcos y veleros. Sirve un menú variado, entre ellos platos regionales elaborados con productos del mar. El desayuno buffet es ideal (la debilidad de los argentinos) ofrece una diversidad de infusiones, frutas, fiambres, quesos, panes, jugos y por supuesto huevos revueltos. ¡Exquisito!

La bienvenida se realizó esa misma noche. El restaurante Porto dos Piratas nos ofreció una deliciosa paella. En la presentación hablaron autoridades del estado de Santa Catarina y municipales como el prefecto de Porto Belo, Evaldo Guerrero Fiho. También los organizadores, grandes amigos, Antonio Carlos López “Cacao”, Roberval Colaço y Julio César Debali, uruguayo presidente de Visión, la asociación de periodistas de turismo que nos nuclea. La noche era perfecta la brisa marina nos anticipaba los hermosos días que viviríamos.

 

La paradisiaca Isla de Porto Belo

Amaneció caluroso. Un overland nos esperaba para llevarnos a disfrutar de una gran aventura. Volvimos al Porto dos Piratas. Una embarcación de filibusteros nos llevaría a recorrer la zona por mar.

Todo está pensado para la diversión plena. Un coordinador anima el momento. Chistes, buena música, baile, unas caipirinhas, todo es despreocupación. Hacemos unas paradas en un par de playas con aguas turquesas y arenas blancas, nos sentimos en el paraíso nadando en esas aguas templadas.

En la Isla de Porto Belo nos maravillamos con una blanca playa, de aguas cristalinas y transparentes, además de disfrutar de un recorrido por el interior de la isla, un sendero que lo lleva a deleitarse de la naturaleza típica de la zona, la flora y fauna y vistas espectaculares del océano Atlántico. En el almuerzo me encontré con mis amigos periodistas de Córdoba Carlitos Schaffer y Ethel, con quienes compartimos un ameno momento.

La isla se encuentra a 900 metros de la playa de Porto Belo, en su trayecto se puede observar pescadores que cultivan y cosechan las vieiras, unos moluscos muy apetecidos por los chefs por su exquisito sabor.

El desembarque en la isla nos permitió disfrutar de sus servicios turísticos, actividades naúticas como el snorkeling, la banana, paseos en lancha o simplemente disfrutar del sol y el mar. Antes de irnos armamos un picadito multinacional entre periodistas. Correr en la arena y bajo el sol es verdaderamente extenuante, pero divertido. El candente sol hizo mella en la piel de varios, yo incluido.

 

Un rincón de Europa

El día siguiente nos deparaba un viaje diferente: una visita a Blumenau.

Fundada en 1850, inmersa en el “Valle Europeo”, es una bella ciudad alemana prolija y limpia que nos esperaba con los brazos abiertos. Ciudad con especialidades en fiambres y artesanías en vidrio y porcelanas finas, el Museo de la Cerveza, sus hermosas reinas del Oktoberfest, evento que convoca multitudes cada año.  Visitamos el Museo  de hábitos y costumbres y el Museo de la Familia Colonial -con su particular cementerio de gatos- donde descubrimos su historia de inmigrantes y arduo trabajo. Luego la visita a la fábrica de cerveza Wunder Bier nos mostró el proceso de fabricación de esta noble bebida y la degustación dejó un poco mareados a varios. No sé por qué pero el camino se volvió más ameno, todos estaban más sonrientes y divertidos.

Entramos al centro de Blumenau, plagado de construcciones que recuerdan la arquitectura teutona. Una muestra de ello es la el edificio de la prefectura o la Villa Germánica, un paseo de compras temático para comprar recuerdos y comer típica comida alemana. No recuerdo haber comido tanto como esa noche. El desfile de los mozos con deliciosos manjares era incesante. Espeto corrido con diferentes cortes de carne de vacuno, cerdo o pollo, pizzas de diferentes variedades, ensaladas, postres… Tentaciones que hubieran sonrojado al mismo Dante.

 

Regreso esperado a Camboriú

Ir al Balneario Camboriú siempre es una vista deseada. El clásico balneario de los argentinos con su amplia playa de agua calma, su hermosa costanera con altos edificios y su amplia oferta gastronómica y de servicios. Su nombre se debe a un río cercano denominado así por la gran cantidad de róbalos (kamuri) que lo pueblan.

El Parque Unipraias, es un complejo turístico que une la tecnología y aventura en medio de la naturaleza. Vincula la Playa Central con la Playa de Laranjeiras, con un recorrido de 3.250 metros por el aire, mediante un moderno teleférico, con cabinas herméticas y panorámicas, teniendo como primera parada la Montaña de Aguada de 240 metros de altura, donde se ofrecen variadas atracciones y vistas de Camboriú. Seguimos luego el paseo hasta la Playa Laranjeiras, caracterizada por la tranquilidad de su mar turquesa, de aguas tibias y cristalinas, un entorno de verdes montañas cubierta por el Bosque Atlántico de vegetación nativa y una excelente propuesta gastronómica. Aquí una caipirinha en abacaxi es una invitación que no se puede despreciar.

Volvimos a Camboriú, aquí nos esperaba Ademar Schneider, gerente de turismo de la ciudad balnearia que nos recibió con un exquisito almuerzo en un restaurante frente al mar.

 

Las velas al viento

Por la mañana las opciones eran variadas. Un city tour para visitar atractivos la Parroquia Buen Padre Jesús de los Afligidos, designada en 1998 como Patrimonio Histórico de la Humanidad o la fábrica de cachaza conocida como Alambique do Pedro Alemão que produce jarabe de caña y licores.

Por opción era un paseo en stand up, unas pequeñas tablas donde se rema de parado en la bahía de Porto Belo y finalmente un paseo en velero. Opté por la última y no me equivoqué. Fuimos hasta la marina de Porto Belo una gran cantidad de embarcaciones de lujo descansaban en el muelle. La nuestra, el elegante velero FG Al Mare de 20 metros de eslora y 44.000 kg de peso, con lujosos detalles en su interior dos camarotes y una cocina comedor garantizaban el disfrute de cualquier navegante.

Perteneciente a la empresa constructora FG Emprendimentos, un poderoso holding de negocios brasilero, la embarcación comenzó a surcar las olas aprovechando la leve brisa. El recorrido nos llevó a contemplar las hermosas playas de Itapema, Meia Praia y Perequé en Porto Belo. Aprovechamos para tomar sol en el tranquilo mecer de las olas, tomamos unas cervecitas y hasta pude comandar el timón por un rato. Frente a una playa íntima y solitaria pudimos darnos un refrescante chapuzón y practicar snorkeling. Definitivamente una excelente manera de vivir la vida.

Antes de partir de Porto Belo tuvimos tiempo para disfrutar un par de días de la estadía en Vila Verde, la confortable Posada que mi amiga Zene Drodowski y su marido poseen frente a las playas de Perequé. Largas caminatas en la arena y momentos de relajación con un hermoso marco marino y de verdes morros que dominan el paisaje eran ideales para disfrutar en pareja. Un verdadero viaje al interior del corazón.

 

Belleza en lo profundo del mar

Nuestra última escala sería en la bella Florianópolis. En Canasvieiras, playa predilecta de los argentinos si las hay, nuestra amiga Inés y su marido, ambos compatriotas, nos esperaban en la Pousada Silene. Un primoroso y cómodo alojamiento con piscina y a 50 metros de la playa.

Canasvieiras es una playa localizada al norte de la Isla Santa Catarina, Florianópolis, entre las playas de Jureré y Cachoeira do Bom Jesus.

El mar de Canasvieiras es tranquilo y caliente, apropiado para familias con niños. Cerca de la costa hay una isla particular, la Isla del Francés, a la cual es posible llegar en Kayak, Banana Boat o en lanchas alquiladas. 

Para los que desean circular en auto, se puede recorrer la Isla de Norte a Sur, desde Jurerê, Ponta das Canas, Canasvieiras pasando por Barra da Lagoa, Ingleses, Joaquina, Daniela, Lagoinha, Playa Brava, Campeche, Armaçao y Naufragados, más al sur.

De todas las opciones de actividades para realizar sin duda el buceo es el más fascinante. Por eso me puse en contacto con Claudia, también argentina que junto a su marido manejan el centro de buceo Parcel, uno de los más importantes de la zona, instalado desde 1991 en la cercana playa de Cachoeira.

Salimos hacia Ilha do Arvoredo con uno de los instructores. En el barco conocí a los chicos de La Botafogo Scuba Nius gente linda de Buenos Aires y amantes del buceo.

A sólo 50 minutos en barco al archipiélago, se pueden explorar los misterios y las maravillas del mundo submarino a través del buceo en aguas cristalinas.

Ocupando un área de 17.800 Hectáreas, la reserva Biológica Marina de Arvoredo (Arba) es conocida como el mejor lugar para bucear en el sur de Brasil. Está compuesta por las islas Galé, Arvoredo, Desera y San Pedro.

Con temperaturas entre 17 y 30º, la visibilidad gira en torno de los 10 hasta 18 metros.

Debido al encuentro de dos corrientes marítimas (tropical-caliente y subtropical-fría), especies provenientes de estos dos ambientes se encuentran en este lugar. Se pueden encontrar desde peces tropicales y pingüinos, hasta langostas, pulpos, meros, camarones, delfines, ballenas, tortugas y muchas otras especies que hacen del lugar, el paraíso para los buceadores y pescadores.

Descendimos unos 12 metros y exploramos unas cuevas formadas por grandes rocas amontonadas en el fondo de la costa. Un hipocampo nos observaba inmóvil; más allá una tortuga pasaba impávida. Nutridos cardúmenes de peces nos envolvían. Debajo de una gran roca un enorme pez nos espiaba sigiloso en las sombras. ¡Una experiencia inolvidable!

El tiempo de viajar se agotaba. Ya era tiempo de partir pero con un ritmo de samba retumbando en mi memoria y la dulce sensación de siempre estar volviendo. <

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