San Miguel de Tucumán. Argentina.
PASEO POR LA CUNA DE LA INDEPENDENCIA
“El Jardín de la República” guarda en el corazón de todos los argentinos el recuerdo afectuoso y vibrante de una patria que supo defenderse y forjarse al ritmo de las batallas y las ideas. A 1.300 kilómetros de Buenos Aires, es el corazón comercial e industrial del norte y a su vez la antigua capital política de la región. Está rodeada de bellezas como Villa Nogués, el cerro San Javier y el dique El Cadillal, y sembrada de museos, galerías e iglesias.

Plaza independencia

Lo que hoy es la Plaza Independencia fue desde 1685 hasta 1857 la Plaza de Armas de la ciudad. Está densamente forestada con lapachos, laureles, tarcos, palmeras y naranjos, y en su centro está la Estatua de la Libertad de la escultora Lola Mora, emplazada en 1904. Los edificios que la rodean describen la ciudad y la provincia en pocos metros: sobre calle San Martín encontramos la Iglesia de San Francisco, el Auditorio Mercedes Sosa, la ex Caja Popular de Ahorro, el Jockey Club, el ex Hotel Plaza, y la Federación Económica. Sobre Laprida se destaca el edificio del Centro Cultural Rouges (construido en 1913, es propiedad de la Fundación Dr. Alberto Rougés del Instituto Miguel Lillo, posee pisos de taracea de roble, carpintería de madera y cielorrasos de yesería decorativa).

Adornada de edificios

En calle 24 de septiembre se encuentran la Iglesia Catedral (originaria de principios del siglo XIX y obra de Pedro Delgare Echeverr), la Casa Nougués (sede de la Secretaría de Turismo, de cuatro plantas, construida en el año 1911 por el arquitecto José de Bassols para la residencia del gobernador Luis F. Nougués) y la oficina de Información Turística (en la esquina con 25 de Mayo). Continuando por la calle 25 de Mayo están el Museo Casa Padilla (construido hacia 1860, de arquitectura italianizante, con 15 habitaciones repartidas en cuatro patios, perteneciente a la familia de Ángel Padilla y Lastenia Frías) y la majestuosa Casa de Gobierno –mezcla de barroco francés y del clasicismo italiano-, emplazada en el sitio del antiguo cabildo colonial, donde descansan los restos de Juan Bautista Alberdi, autor de Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina, proyecto de la Constitución de la Nación aprobada en 1853 en Paraná (provincia de Entre Ríos). Por la peatonal Congreso (lindera a la Catedral) encontramos el Museo de Arte Sacro, donde se accede solo mediante entrevistas solicitadas, y que resguarda piezas de culto en desuso, como custodias de plata de la época de la colonia, un sombrero de fray Mamerto Esquiú, pinturas cuzqueñas del siglo XVII, actas de bautismo, casamiento y partidas de defunción de personalidades ilustres de la ciudad. Metros más allá se encuentra la Biblioteca Sarmiento, y en la vereda del frente el Museo Histórico Provincial Presidente Nicolás Avellaneda, una casita de dos plantas con doce salas y un delicioso patio con fuente. El museo exhibe documentos, mobiliario, retratos, platería, medallas y monedas, vestuario, armas e imaginería de épocas pasadas, y piezas arqueológicas de las culturas originarias. La casa fue construida por el abuelo de Avellaneda, el gobernador y hacendado José Manuel Silva en 1835, y en 1941 se declaró monumento histórico. Se conserva también la célebre Jarra de Ibatín, repujada en plata, y un Niño Dios del siglo XVIII originario del Alto Perú.

Una cuadra histórica

En la cuadra siguiente el tiempo se vuelve leyenda: junto a un paseo artesanal con esculturas de la omnipresente Lola Mora, está la Casa de la Independencia, donde se encuentra como único vestigio original la sala donde en 1816 se firmara el acta que declaró a Argentina “una nación libre e independiente del rey Fernando séptimo, sus sucesores y metrópoli, y de toda otra dominación extranjera”. El libro fue firmado por 29 diputados en representación de 14 territorios, incluidos Charcas, Mizque y Chibchas, hoy parte de Bolivia, aunque entonces eran el Alto Perú, pero fue sustraído. Del acta original se hicieron 3.000 copias, 1.500 en castellano, 1.000 en quechua y 500 en aymará. En la esquina con calle San Lorenzo encontraremos el Patio de los Artesanos, una instalación permanente para adquirir recuerdos, productos regionales y unas deliciosas empanadas tucumanas. Un parque para disfrutar Pero esta ciudad no sería nada sin el Parque 9 de Julio, inaugurando para los festejos del centenario de la Independencia, en 1916 y está trazado en forma de óvalo, idea del arquitecto francés Carlos Thays, contiene al lago San Miguel, y la casa del obispo Eusebio Colombres, hoy Museo de la Industria Azucarera, donde se conserva un antiguo trapiche de madera. Allí se puede comer en algunos de los restaurantes, tomar algún trago en los bares, o disfrutar recorriendo la Pérgola, el Reloj Floral y la Fuente Luminosa. En un principio fue una superficie de 400 hectáreas, incorporadas a la ciudad al estilo de los parques europeos.

Más que solo historia

No hay que dejar de recorrer la noche tucumana, poblada de bares, pubs, peñas y teatros, ni sus tardes a través de las librerías y galerías de arte; ni tampoco perderse de la amable compañía de las tucumanas y tucumanos, gente que mezcla la alegría del campo con la discreción de la ciudad.-

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